domingo, 28 de noviembre de 2010

Camino hacia el Encuentro y Venida de Jesucristo


Un poco de historia

 En el siglo IV de nuestra era los cristianos comenzaron a celebrar la venida del Señor entre los hombres. Era una celebración nueva, en esa época, pues antes de ella sólo se celebraba el día de Cristo, la Pascua del Señor, no sólo el día anual de la Pascua sino cada domingo. Surge la fiesta de la Navidad para celebrar el aniversario de la venida del Señor y también como ocasión para combatir las fiestas paganas -que se celebran el 25 de Diciembre en Roma y para los egipcios el 6 de Enero- proclamando la fe de la Iglesia en la Encarnación y Nacimiento del Verbo.
 Fijada la celebración del Nacimiento del Señor, ésta se va preparando durante un tiempo. Esta costumbre tuvo su origen en Francia y España; y en el siglo VII, aproximadamente, se extiende a Roma naciendo así este tiempo litúrgico, que hoy llamamos Adviento.
 Ya en los primeros datos sobre el Adviento se descubre un carácter escatológico a la vez del carácter de preparación a la Navidad, lo cual ha llevado a la discusión sobre el sentido originario del Adviento. En estas discusiones unos han optado por la tesis del adviento orientado a la Navidad, mientras otros optaron la tesis de preparación a la venida escatológica.

 SENTIDO Y ESTRUCTURA DEL ADVIENTO
 La celebración del Adviento dura cuatro semanas que están divididas en dos etapas. Durante este tiempo se prepara la Venida del Señor contemplada en dos aspectos: la Venida escatológica y la venida histórica.
 La primera etapa empieza el primer domingo de Adviento y termina el día 16 de diciembre. En esta etapa la Venida del Señor es contemplada en sus dos dimensiones, los creyentes son invitados a prepararse para salir al encuentro del Señor y recibirlo en la existencia concreta.
 La segunda etapa pone la atención en la venida histórica del Señor, es como una "Semana Santa" que prepara la Navidad.
 De lo señalado hasta el momento se puede inducir cuál es el sentido del Adviento, lo más importante es que se trata de la Venida del Señor, el Señor vendrá y por eso hay que estar preparado; no de cualquier manera se puede recibir al Señor, es necesaria una preparación previa. Esta preparación es la conversión del corazón acompañada del gozo y la alegría, la esperanza y la oración. El tiempo del Adviento es el tiempo de la esperanza, de poner en ejercicio esta virtud que con la fe y el amor constituyen la trama de la vida espiritual.
 El Adviento difiere de la Cuaresma, pues no es directamente penitencial, sería un error pensar en el Adviento como una Cuaresma que antecede a la Navidad.
 Las lecturas de este tiempo nos orientan en las dos dimensiones de la Venida del Señor ya señaladas, en la primera lectura se escucha a los profetas mesiánicos, especialmente Isaías, anunciando al Salvador y los tiempos nuevos y definitivos; en el Evangelio se oyen exhortaciones del Señor a la vigilancia y textos del Evangelio de la infancia.
 Este sentido de espera de lo definitivo se expresa en la liturgia mediante la supresión de los símbolos festivos, falta algo para la fiesta completa que sólo tendrá el culmen de la alegría cuando el Señor esté con su pueblo.

 PERSONAJES DEL ADVIENTO

 El tiempo del Adviento nos presenta tres personajes que nos ayudan a preparamos para las fiestas navideñas.

 Isaías es el profeta del Adviento. En sus palabras resuena el eco de la gran esperanza que confortará al pueblo elegido en tiempos difíciles y trascendentales, en su actitud y sus palabras se manifiesta la espera, la venida del Rey Mesías. Él anuncia una esperanza para todos los tiempos. En nuestro tiempo conviene mirar la figura de Isaías y escuchar su mensaje que nos dice que no todo está perdido, porque el Dios Fiel en quien creemos no abandona nunca a su pueblo, sino por el contrario, le da la salvación.

 Juan Bautista, el Precursor, es otro de los personajes del Adviento; él en su persona y sus palabras nos resume toda la historia anterior, él prepara los caminos del Señor, nos invita a la conversión, anuncia la salvación, señala a Cristo entre los hombres. Las palabras de invitación a la penitencia de Juan el Bautista cobran una gran actualidad hoy, su invitación es importantísima; para recibir al Señor hay que cambiar nuestra mentalidad engendradora de malas acciones, para encontrarnos con Él después de nuestro cambio interior.

 María, la Madre del Señor es el tercer personaje del Adviento. En ella culmina y adquiere una dimensión maravillosa toda la esperanza del mesianismo hebreo. María espera al Señor cooperando en la obra redentora. El Adviento es el mes litúrgico mariano, en este tiempo María aparece en los textos bíblicos, sobre todo en la última semana. Su actitud de confianza y esperanza activa es un modelo a seguir.

 ESPIRITUALIDAD DEL ADVIENTO

 Durante el tiempo del Adviento la liturgia pone a nuestra consideración al Dios - Amor que se hace presente en la historia de los hombres, Dios que salva al género humano por medio de Jesús de Nazaret en quien el Padre se revela.
 El Adviento nos debe hacer crecer en nuestra convicción de que Dios nos ama y nos quiere salvar, y debe acrecentar nuestro amor agradecido a Dios.
 Adviento es el tiempo litúrgico de dimensión escatológica, el tiempo que nos recuerda que la vida del cristiano no termina acá, sino que Dios nos ha destinado a la eternidad, a la salvación; en este proyecto la historia es el lugar de las promesas de Dios.
 Dios anuncia y cumple sus promesas en nuestra historia. Adviento es el tiempo en que celebramos la dimensión escatológica de nuestra fe, pues nos presenta el plan divino de salvación con elementos ya realizados en Cristo y con otros elementos de plenitud que aún esperamos se cumplan.
 Esta esperanza escatológica supone una actitud de vigilancia, porque el Señor vendrá cuando menos lo pensamos. La vigilancia requiere la fidelidad, la espera ansiosa y también el sacrificio; la actitud radical del cristiano ante el retorno del Señor es el grito interior de: ¡VEN, SEÑOR JESÚS!.
 Esperar en el Señor supone estar convencido que sólo de Él viene la salvación, sólo Él puede liberarnos de nuestra miseria, de esa miseria que nos esclaviza e impide crecer; el tiempo de Adviento nos recuerda que se acerca el Salvador por eso la esperanza va unida a la alegría, el gozo y la confianza.
 Adviento es también, el tiempo del compromiso terreno; la invitación del Bautista a preparar los caminos del Señor nos presenta como ideal una espera activa y eficaz. No se espera al Señor que vendrá con los brazos cruzados sino en actividad, en el esfuerzo por contribuir a construir un mundo mejor, más justo, más pacífico donde se viva la fraternidad y la solidaridad. La espera del cielo nuevo y tierra nueva nos impulsa a esta acción transformante de nuestro mundo, pues así éste va madurando y preparándose positivamente para la transformación definitiva al final de los tiempos.
 La espera escatológica definitiva al final de los tiempos no es una invitación a la ausencia del compromiso con la sociedad terrena sino un estímulo a prepararla para esa transformación.
 El Adviento nos hace desear ardientemente el retorno de Cristo, pero la visión de nuestro mundo injusto, sembrado de odio y división nos revela su falta de preparación para recibir al Señor. Los creyentes hemos de preparar el mundo, madurarlo para venida del Señor.

 PASTORAL DE LA CELEBRACIÓN

La venida de Cristo y su presencia en el mundo es ya una realidad, Cristo está presente en la Iglesia y en el mundo y esa presencia se prolongará ¿por qué, entonces, esperar su venida?
 Cristo está presente pero su presencia no es aún total ni definitiva, el Adviento nos sitúa en lo realizado en la encarnación y lo que queda por realizar de la plenitud escatológico, en el "ya", pero "todavía no".
 Hay muchos hombres que aún no han reconocido a Jesucristo, el mundo no está plenamente reconciliado con el Padre aunque sí en germen, es preciso, entonces, seguir anunciando la venida plena del Señor hasta la reconciliación plena de Dios con los hombres al final de los tiempos; hemos de pedir que venga a nosotros el reino del Señor.
 También en nuestra vida personal Cristo no se ha posesionado totalmente de nosotros porque nosotros muchas veces lo hemos impedido. En nuestra vida personal hemos de seguir esperando la venida del Señor. En la Navidad, en cada misa, en el hoy de cada celebración eucarística se actualizan el acontecimiento histórico de la venida del Señor y su futura Parusía; de allí la importancia de la celebración litúrgica en todo tiempo y también en Adviento.
 Por eso queremos ofrecer algunas sugerencias para la celebración que ayuden a captar en mayor profundidad el sentido y la espiritualidad del Adviento.
 La ambientación del lugar de la celebración debe ayudar a los fieles a darse cuenta que empieza una nueva etapa dentro de la liturgia dominical, la etapa de la espera. Un primer elemento es el tono morado de los ornamentos, junto con la ausencia de flores en el altar, así resaltará más la alegría festiva de la Navidad con los ornamentos blancos y los arreglos florales. No se han de colocar flores, pero sí sería oportuno colocar algunas plantas de interior en el presbiterio. Puede ser muy expresivo, también, una pancarta en un lugar visible del templo, en el atrio y dentro de la iglesia con frases como: "Ven, Señor Jesús', 'Esperamos tu venida', 'Preparemos los caminos del Señor", etc.
 La música sólo debería usarse para acompañar los cantos y si en algún caso se tocara música instrumental que sea creadora de un ambiente de serenidad. Antes y después de las celebraciones convendría una ambientación musical con cantos gregorianos de Adviento o música de órgano que mantengan el ambiente discreto y recogido.
 También sería conveniente potenciar el tiempo de Adviento como tiempo mariano, en el espíritu de la exhortación “Marialis Cultus”. Ayudaría mucho colocar una imagen de la Virgen con el Niño ya que así se evoca la venida. En el rito de entrada sería conveniente encender progresivamente cada domingo las velas de la corona de Adviento sea en el momento en que habitualmente se encienden los cirios o cuando el sacerdote ha llegado al altar y se sigue cantando el canto de entrada o en el silencio posterior al saludo.
 El cirio puede ser encendido cada semana por diferentes personas, por ejemplo: un niño, una familia, una religiosa, el presidente de la celebración. Hay que cuidar también en este tiempo el canto de entrada, el cual deberá crear el ambiente de la celebración, cantos como: 'Ven, Señor no tardes', "Cielos, lloved vuestra justicia", 'Esperando al Mesías' pueden ser muy oportunos. Este canto es preferible repetirlo los cuatro domingos en vez de cambiarlo perdiendo el sentido creador de atmósfera.
 En la liturgia de la Palabra convendría remarcar el primer domingo de Adviento el inicio de un nuevo ciclo de lecturas, para lo cual, aparte de una monición presidencial, puede ayudar la actualización del rito de inauguración del lugar de la Palabra dentro de la Dedicación de una iglesia. El ministro que acompaña al presidente de la celebración o él mismo, lleva el leccionario durante la procesión de entrada y al llegar lo deja sobre el altar, antes de besarlo. Terminada la oración colecta, el presidente va al altar, toma el leccionario y lo lleva al ambón, allí muestra el leccionario al pueblo y dice éstas o palabras semejantes: "iniciamos hoy, como cada año en este domingo, un ciclo de lecturas bíblicas (el Evangelio de... ). Que la Palabra de Dios halle eco en nosotros, cada domingo, para que conozcamos mejor el misterio de Jesús y para que se realice en nosotros la salvación que Dios quiere para todos los hombres".
 Luego deja el libro abierto sobre el ambón, va a su sitio y el lector proclama la lectura. El salmo responsorial deberá cantarse, en lo posible, o al menos aprender antífonas propias o apropiadas. El Aleluya debería cantarse los domingos y mejor omitirse los días feriales. Sería también oportuno cantar los cuatro domingos una misma respuesta para la oración de los fieles, la cual podría ser: "Ven, Señor Jesús", "Ven, Señor no tardes más", "Venga a nosotros tu reino". etc.
 En la liturgia eucarística sería conveniente hacer en silencio la presentación de los dones o con una melodía suave, en todo caso, mejor sin canto, para resaltar el carácter austero del tiempo y permitir la meditación de los fieles. Sí, por el contrario, convendría cantar la aclamación primera después de la consagración ya que expresa mejor el ansia por la venida del Señor. También conviene en este tiempo que como prolongación de la austeridad en la celebración eucarística se viva una austeridad en la disposición y arreglo del lugar de la Reserva Eucarística.

 VIVAMOS EL "ADVIENTO" ... DEL SEÑOR QUE LLEGA

INVOCACIÓN. Adviento o "advenimiento" son palabras que significan tiempo y actitud de espera ... con llegada. Por su fuerza intensiva, no las aplicamos al acontecer rutinario en el que los hombres nos hallamos inmersos, acaso sin emoción y sobresalto... Las reservamos para hablar de acontecimientos altamente deseados y esperados (si reportan bienes) o pavorosamente temidos, si traen consigo males ... Advenimiento altamente deseado y esperado es, para una joven, el día de su desposorio; para una esposa, el de su maternidad; y para un pueblo en guerra, el de su paz. Y advenimiento intensamente temido es, para una familia, el zarpazo de la crisis en sus relaciones hogareñas; y para una economía modesta, la pérdida del puesto de trabajo que garantizaba el pan. ...Invoquemos muchas veces este tipo de "advientos" que salpican de gracia o dolor nuestras vidas, y aprenderemos a valorar otros igualmente fuertes.

 EXPECTACIÓN. 

¡Feliz el hombre que sabe vivir en constante "adviento"! .... Si consideramos atentamente las cosas, los avatares de cada día nos obligan a vivir siempre expectantes, pues, queramos o no, transitamos, de la mañana a la noche, por caminos siempre inacabados... , siempre abiertos a la sorpresa ... Nos hacemos y rehacemos a golpe de sorpresas y esperanzas, sobre todo de sorpresas gratas y de esperanzas fundadas .... ¿No es verdad que, si bien con frecuencia soportamos días grises, y con lágrimas, damos primacía a los advenimientos alegres que muestran el rostro positivo de las cosas...? Del "adviento humano", venturoso, podríamos decir que es tiempo de esperanza firme y de preparación robusta para dar alcance a presas arduas: a un amor difícil, a una amistad profunda, a una actitud solidaria, a una mesa compartid ..

 EXPECTACIÓN RELIGIOSA. 

¡Feliz el hombre cuyos "advientos humanos" colman sus esperanzas! Pero más feliz todavía aquel cuyos advientos tienen auras de "religiosidad" ..... Miremos al hombre que es creyente. Su adviento, por ser religioso (pues habla de advenimiento de Dios, o de los dioses), es el más bello y sublime que cabe en la escala de las "esperanzas"... Con razón todas las religiones, primitivas o evolucionadas, celebraron su peculiar adviento una y otra vez. A todas les gusta revivir con cierta expectación solemne la cercanía de su Dios (o de sus dioses)... ¡Cómo "suspiramos" todos los mortales por que "advenga" a nuestra vida un Ser Divino de rostro amigable y protector ...

 ADVIENTO JUDEO-CRISTIANO Y EXPECTACIÓN SUPREMA.

Todas las religiones celebran su Adviento.... Pero, entre todos los Advientos celebrados, el que proclaman el judaísmo y el cristianismo ofrece singularidades extraordinarias, al calor de una fe que se alimenta en la Palabra y el Amor desbordante de un Dios que es padre del pueblo elegido...
 En la tradición judía, YAVÉ, Dios único y creador, se convierte en providencia amorosa y luz que alumbra toda la historia del pueblo elegido a través de Alianzas de fidelidad, Leyes de vida y culto, y Promesas de gracia que recorren los libros del Antiguo Testamento.... Entre esas Promesas, el ventanal del Adviento se abre con un compromiso sagrado y una exigencia: compromiso divino de que Yavé enviará a Israel un MESÍAS LIBERADOR ..; y exigencia al pueblo de que viva a la espera del Mesías, en prolongado Adviento, sin desfallecer .... ¿No es hermosa esta de Israel, pueblo llamado a vivir en permanente Adviento, porque el MESÍAS prometido llegará...? ¡Hermosura es la promesa ! ... Pero no lo es el dolor de la esperanza frustrada... Porque ese Mesías, el prometido, llegó ya; llegó en la plenitud de los tiempos, en JESÚS DE NAZARET....! ¡ Y los suyos no le recibieron....! ... Los judíos recorren todavía hoy el mundo soñando con otros mesías..
 En la tradición cristiana, las cosas cambiaron. Nosotros, iluminados por la gracia del Nuevo Testamento, confesamos en Adviento y Navidad que Jesús de Nazaret es el MESÍAS ESPERADO DE ISRAEL y lo adoramos como a tal ... Por eso hacemos un Adviento jubiloso que colma toda expectación..! Nosotros creemos que Jesús es el Hijo del Padre, y que el Padre, por amor, nos le envió a compartir con nosotros la tienda de la vida, haciéndose Niño en las entrañas de la virgen María.... En la fe, aceptamos que el Mesías anunciado, Dios Hijo, ya se vistió de nuestra naturaleza y se hizo apto para sentir, imaginar, amar, sufrir, reir, llorar... como nosotros ..... Gocémonos en ello .
 ¡Adviento! ¡Adviento! ... ¡Seas para nosotros esperanza, acogida y escucha del mensaje del Mesías que viene a transformar el mundo por el Amor ...! ¡Ven, Señor, no tardes!

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